Castells

Horacio Castells Montes – 50 años rematando

(Palabras de Horacio Castells Montes con motivo de sus 50 años como martillero)

Aprovechando la oportunidad que nos da la tecnología de poder expresarnos, quiero decir todo lo que no dije el día del festejo debido a que no sólo mis 50 años de trayectoria como martillero sino también cómo se desarrolló, todo me tomó por sorpresa.

Quiero decirles, a través de este medio de comunicación varias cosas.

En primer lugar, un agradecimiento muy grande a toda mi familia, encabezada por Lucila, mi esposa. Cuando Juan Andrés Ramírez hacía una reseña sobre todos los deportes que yo había practicado a lo largo de mi vida me parecía verla en algún partido de la extra, en la tribuna, a pesar de que las canchas en las que jugábamos no eran las más apropiadas para mujeres. Ni que hablar en el squash, un deporte muy exclusivo de hombres, practicado en clubes en donde no se permitía la presencia de mujeres pero donde se tuvo que hacer alguna excepción para que nuestras mujeres pudieran ir a vernos. En el Polo Cross, donde en nuestra casa de verano vivíamos no solamente nosotros sino además todo el resto del equipo y por consiguiente teníamos que conseguir una casa donde pudiéramos albergarlos, teníamos que pensar en comida para todos los que éramos y no me olvido de que Lucila también tuvo que soportar el olor de las monturas y todo el movimiento que representaba tener a todo un equipo viviendo en tu casa. Si bien para ella el deporte no es prioridad me acompañó siempre en todos, hasta hoy en día con el Golf que sin dudas es el deporte que más horas me lleva y que por lo tanto más horas me saca de aprovechar a mi familia.

A mis hijos. A María y a Andrés que desde el comienzo de la firma Castells me están acompañando. A Ana, quien inició un rubro nuevo dentro de Castells, el sector Inmobiliario. A Horacito, quien sin dejar de estar pendiente en todo momento de lo que sucedía en la firma, trabajó sin cesar en el campo buscando siempre satisfacer mis gustos. A Sofi, la más chiquita, que es un baluarte de fe entre nosotros y quien además, siendo yo un deportista, me regaló la enorme satisfacción de vivir la máxima aspiración que puede tener un deportista: estar subida en lo más alto del podio con una medalla de oro en el pecho escuchando el himno nacional.

A mis hermanos, quienes, en los momentos más difíciles, estuvieron siempre al lado nuestro. A Inesita, porque no tengo dudas de que la gran dedicación que le dio “al viejo” hizo que todos lo disfrutemos unos años más. Sin ella, eso hubiese sido imposible. A Daniel, por su cariño, por su constante empuje, por su buen espíritu y porque es capaz de ser alegre y ameno hasta hablando de las lombrices de las ovejas y para que todos tengan una idea de cómo es Daniel voy a contar brevemente 2 anécdotas que lo pintan claramente. Cuando mi madre, Inés, lo anotó para ir a la Escuela le comentó a su madre y a todos nosotros que tenía un gran problema porque Daniel hasta los 5 años, como le molestaban los zapatos, vivió descalzo y a la Escuela no podía ir así. Hace poco, cuando él estaba defendiendo la tesis en un master de su profesión y ante todo una junta de catedráticos muy serios, terminó la exposición con una fotografía de un muro con una mancha y después de haber hecho con gran profesionalidad y creo que muy bien porque no había quien no lo escuchara silenciosa y atentamente, y dijo: “Quédense tranquilos que la facultad conserva muy bien las cosas” y esa foto que mostraba la había sacado antes de entrar a defender la tesis y era en el mismo lugar donde hace más de 20 años, recién recibido, le cortaron el pelo y lo ensuciaron y la mancha que aparecía era de un huevazo que había recibido él tanto tiempo atrás y que la facultad aún conservaba, demás está decir que terminó la exposición del master con una carcajada general.

A mis sobrinos. A Juan que me acompañó desde el principio, Chopo después y Candelaria ahora, y fundamentalmente al resto que también no tengo dudas de que están pendientes porque esto que festejamos hoy es un logro de todos.

A mis amigos, que como dije en el discurso el día del festejo, son mi familia. La exposición de Juan Andrés Ramírez, un gran amigo, me hizo recordar los momentos en que él era candidato a la Presidencia de la República y en un programa de televisión que iban los amigos de los candidatos yo fui como testimonio de amigo de Juan Andrés. Lo acompañé, no sien do lo mío, en su campaña política, en la gira por Florida. Según los pueblos a los que llegábamos le daba alguna indicación y cuando Juan Andrés hacía uso de la palabra al estilo de los actos políticos yo gritaba con toda mi voz: “Bien Ramírez. Grande Ramírez”. Quiero agradecerle también a Susana, una fenómena, que a pesar de sus nervios en el día del festejo se animó a expresar el cariño que me tenían ella y los Gallinal. Ese mismo cariño me lo trasmitió Alberto a mi y yo a él. Todos los Lunes me llegaba una carta de Alberto Gallinal, escrita a máquina, en donde me contaba sus proyectos sobre todo en lo que a caballos criollos se refería, pero también de asuntos de la vida y de la familia. Me acuerdo como si fuese hoy un día que me llamó para decirme que quería repartir unas cosas entre sus hijos porque quería evitar diferencias cuando él no estuviera, a lo que yo le respondí: “Guarde todo eso Dr. y no se preocupe que, la responsabilidad de que sus hijos no tengan diferencias estoy casi seguro que va a ser mía”. Es por eso que no sólo tuve la enorme satisfacción de haber recibido la confianza por parte de Alberto sino después que él ya no estuvo de sus hijos. Este tipo de acontecimientos me han marcado mucho en mi vida.

Al personal que nos acompañó en la triste disolución de la firma Gomensoro & Castells, porque ninguno en aquel momento preguntó ni qué puesto iba a ocupar ni cuánto iba a ganar. Todos le pusimos el hombro a la situación y gracias a ese respaldo del personal es que la firma es lo que es hoy en día. Y para dedicarse de esa manera hay que trabajar mucho pero también querer mucho y me consta que así como nosotros queremos al personal, sentimos de ellos un enorme cariño.

A los clientes, que muchos nos apoyaron sin mirar intereses económicos.

Y como lo dije el día del festejo, tomando como referencia las palabras que Sofía, mi hija, había escrito cuando ganó el Panamericano de Endurance, que mucho le agradeció a Dios y a la Sagrada Familia, yo también lo quiero hacer. He sentido permanentemente la sensación de que mi madre desde el Cielo dirigió todos nuestros pasos y nuestros éxitos y si algún fracaso tuvimos creo que también fue dirigido por ella para nuestro bien y también en este último año sentimos la ayuda del “viejo” que desde el Cielo ordenó algunas cosas en el remate.

Los quiero mucho a todos. MUCHAS GRACIAS!

Horacio Castells Montes.

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